Alumno: Néstor Sánchez Cardelas
Grupo: 612
La Vuelta en U
Sergio Aguayo Quezada
Este
documento retoma una tesis fundamental del historiador Lorenzo Meyer. “La revolución
Mexicana no destruyó la naturaleza autoritaria de la vida política mexicana, la
modernizo”. Y nos permite identificar contantes que no hemos logrado superar. Al
grado de mostrar como estas elites han podido anular o relativizar diversos
avances democráticos y obligar al país a dar una “vuelta en U”
Como
sabemos ha habido avances, sin duda, y el texto en comentario nos permite
apreciarlos. Pero en relación a ellos han existido grandes pérdidas o extravíos.
La Transición
Hay
u tema que me interesa destacar. La demostración, según los hechos históricos,
que en las últimas décadas el Estado Mexicano ha sido sacudido por las exigencias
sociales de democratización, de modernización política, de redimensionamiento
de su organización y de sus funciones para que pueda dar respuestas a demandas
colectivas, unas con un gran atraso y otras nuevas.
Esa
incapacidad ha ocasionado una gran erosión y desgaste de legitimidad de las
instituciones públicas, ya sean ejecutivas, judiciales, parlamentarias, que
tienen el apodo de “ciudadanas”. Su carácter vertical, al lado de su
ineficacia, ah dado como resultado una inexistente relación con la ciudadanía más
allá del momento electoral. Hoy por hoy parece que la razón de ser de nuestras
instituciones de gobierno son ellas mismas.
Por
ello, en la actual circunstancia, con un Estado a la defensiva incapaz de
responder a la demanda social, rebasado por la delincuencia, corrupción, impunidad
e ineficacia, la participación de la sociedad en las cosas públicas se plantea
como única salida.
Esto
se lograra con el importante papel de la información, las ideas y las
negaciones es determinante, pues la transición mexicana se facilita con la incorporación
de nuevos valores en su base social, que forjen una nueva conciencia de rumbo.
El nodo electoral
En
este recorrido para entender los avances o retrocesos de la transición, el
autor nos permite a una reflexión histórica que cobra fuerza en la antesala preelectoral
del 2012, la intermitente presencia del fraude electoral, con la sombra de
2006. ¿Cuál será esta vez su valor como insumo de la indignación como para
impedir que los retrocesos se consoliden? Aguayo reconoce una de nuestras grandes
imposibilidades sociales: “los menos favorecidos dan menos importancia a la
democracia. En un país como el nuestro… esto cobra sentido, la supervivencia
importa más que los derechos”
Aunque
el autor reconoce particularidades entre las elecciones presidenciales como
fraudulentas o irregulares, 1910, 1929, 1940 y 1962, registra elementos que son
los más comunes
- Intervencion del gobernador con el uso de fondos públicos y la coerción.
- Participación ilegal de los empresarios y otros actores sociales
- Control intencionado de la información
- Manipulación de la legislación electoral
- Complicidad de la comunidad internacional
- Mecanismos de negación del fraude por parte del gobierno, los intelectuales, los ciudadanos…
Hoy lamentablemente, varias elecciones
federales y locales de 2006 y posteriores podemos identificar esos y otros
elementos de fraude, así como algunos nuevos de simulación y defraudación electoral,
con la irónica complicación de la entidades “independientes”, institutos y
tribunales electorales que lo impedirían. Para 2012 el programa amenaza con
empeorar.
Por ser tan importante, se debe dejar a la democracia en manos de los políticos.
¿Cómo reactivar la transición, una vez
identificados sus elementos de estancación?
àLa participación ciudadana, merece ser
ampliada e incluso en el caso de Guanajuato “tropicalizada”. Porque necesitamos
una ciudadanía “militante”, si se me permite llamarla así, que internalice y
actúe los valores que queremos como sociedad en términos de democracia política
y equidad social, para que intervenga en todos los frentes y de manera regular.
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